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2/15/2007

Las Piedras II




Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo.
Aún si el poema (aquí, ahora) no tiene sentido,
no tiene destino.
(Alejandra Pizarnik)


Todas las piedras se están muriendo de locura,
bajo sus brazos se esconde el frío llanto de la noche,
una zona de humo prohibida del amor,
un canto para niños sin llantos
en las aceras del silencio.

Toda la madrugada en duelo,
las piedras se penetran
hunden sus voces en un rito,
como jaula o carencia.

Mezclando los sollozos,
se queman,
asesinan el nombre de los vientos
danzan nocturnas el suicidio
de respirar el dolor.

Al atardecer, en ellas
se encuentra una desnuda muerte,
posándose en las sombras.

1 comentario:

Julio Sánchez dijo...

“Hace un tiempo, me vi descansando a orillas de un río sigiloso. Las piedras estaba muertas, mi cuerpo también. Sentía el aire susurrar en mi oído, mientras el sol invitaba a desnudarme. Quedé así, limpio de culturas invasoras, solo con el viento que en mi abandonada piel chocaba. De mis ojos nacía una rivera de aguas tristes, y el silencio de las piedras me hicieron pensar. Ahogado en mi propio llanto terminé, tirado como un perro ignorado por la luna, muerto quizá, perdiéndome entre aquellas frías amigas que aquel día me socorrieron...
Hoy estoy aquí, intentando no ser piedra en mi barrio, olvidando mi esencia, jugando a ser hombre, y luchando en la más terrible casa de la vida: La cabeza…”

(esta especie de micro cuento, relato o no sé qué, lo había escrito hace tiempo, lo encontré en los archivos y me di cuenta que se parecía un poco a tu escrito)

Un abrazo, me da mucho gusto charlar contigo, espero un día lo hagamos personalmente. Por el momento, te envío un millón de saludos, y ojalá sonrías al terminar de leer esto... ok?

Chau
Julio